El ruido que nadie quiere oír, pero que está matando los oídos de sus trabajadores

Hablemos de ruido. Ese enemigo invisible que, de invisible, no tiene nada. Está ahí, constante, taladrando los oídos, la paciencia y, a la larga, la salud de muchísimos trabajadores en Colombia. Y lo peor, señores, es que muchas empresas siguen con la misma cantaleta: "Es que no se puede controlar", "Es que es el costo de producir". ¡Mentiras! Es el costo de la pereza y la falta de compromiso.

He visto de todo en mis años de auditorías, desde industrias metalmecánicas donde el martilleo es el pan de cada día hasta call centers donde la cacofonía de cien voces es un infierno. La gente se acostumbra, claro. El oído es noble y se adapta, pero esa adaptación tiene un precio altísimo: una hipoacusia neurosensorial, progresiva, irreversible. ¿Y saben qué? La ley colombiana es clara al respecto. No hay excusas, o no debería haberlas. Pero bueno, ya me estoy adelantando.

Límites permitidos: la norma que muchos ignoran o malinterpretan

La base de todo esto la tenemos clara, o por lo menos deberíamos. Aquí en Colombia, la referencia más usada, la que aplica la mayoría de ARL y profesionales de SST, es ese famoso umbral de 85 decibeles (dB) para una exposición de 8 horas diarias. No es un invento, no es una sugerencia; es un límite de exposición ocupacional. Y ojo, que no es un promedio simple, es un nivel de presión sonora ponderado. Esto no es negociable.

Esta es la base, la línea roja que no deberíamos cruzar sin controles adecuados. Y sí, si los niveles son más altos, el tiempo de exposición permitido se reduce drásticamente. ¿Creían que era solo ponerse unos tapones y listo? Vaya inocencia, o más bien, vaya ignorancia voluntaria.

Todo esto, por supuesto, enmarcado dentro del Decreto 1072 de 2015, que es como la Biblia del Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo. Y si quieren detalles más específicos sobre los estándares, la Resolución 0312 de 2019 les recordará que identificar los peligros y evaluar los riesgos (donde el ruido entra de cabeza) es una obligación.

Medición del ruido: No es solo "escuchar" si suena duro

Aquí es donde veo la mayoría de los errores. La medición del ruido no es una apreciación subjetiva. No es que el gerente pase y diga "Aquí suena duro, pongamos tapones". ¡Por Dios! Hay que hacerlo con equipos calibrados y personal calificado. Estamos hablando de dosimetrías y sonometrías.

  • Sonometría: Mide el nivel de presión sonora en un punto específico y en un momento dado. Útil para identificar focos de ruido.
  • Dosimetría: Aquí es donde se mide la exposición personal de un trabajador a lo largo de su jornada laboral. Es la que nos da el famoso TWA (tiempo promedio ponderado) para comparar con los 85 dB.

¿Qué me encuentro yo? Empresas que hacen una sonometría hace cinco años, cuando la planta era la mitad de lo que es hoy, y juran que esa medición sigue siendo válida. O peor aún, que contratan a cualquiera con un sonómetro de ferretería para "cumplir el requisito". Eso es una farsa, no una medición. Un estudio serio de ruido debe ser periódico, especialmente si hay cambios en maquinaria, procesos o layout. Es como ir al médico una sola vez en la vida y pretender que ese diagnóstico sirva para siempre. Ridículo, ¿no?

"En una ocasión, en una empresa de fabricación de plásticos, me mostraron su 'estudio de ruido'. Era un documento de hace ocho años, hecho por un ingeniero que ya ni trabajaba ahí, y que no tenía en cuenta la nueva línea de extrusión que habían instalado hace tres años, la más ruidosa de todas. Los trabajadores, con tapones que ni sabían cómo ponerse, y la empresa, convencida de que cumplía. Les expliqué con plastilina que estaban en un riesgo altísimo de demandas por enfermedad laboral. El silencio que se hizo en esa sala era irónico."

Controles: del tapón al diseño, el camino a seguir

Y llegamos a la joya de la corona: los controles. La GTC-45, aunque sea para evaluación de riesgos, nos da una idea clara de la jerarquía de controles. Y el ruido no es la excepción. No podemos ir directamente al EPP (Equipo de Protección Personal) como si fuera la única solución. Eso es como poner una curita a una hemorragia interna.

La jerarquía es: eliminación, sustitución, controles de ingeniería, controles administrativos y, por último, los EPP. Y, francamente, con el ruido, la eliminación es difícil, pero la sustitución y los controles de ingeniería son la clave. ¿Por qué no invertir en maquinaria más silenciosa? ¿En aislamientos acústicos? ¿En encerramientos para las fuentes de ruido?

  • Controles de Ingeniería: Esto es lo que realmente funciona. Muros acústicos, cabinas insonorizadas, silenciadores, sistemas de amortiguación de vibraciones. Requiere inversión, sí, pero es una solución a largo plazo y que protege a todos, no solo al que se acuerda de ponerse los tapones.
  • Controles Administrativos: Rotación de personal, pausas en zonas de bajo ruido, señalización, mantenimiento preventivo de maquinaria ruidosa (una máquina bien aceitada hace menos ruido que una a los gritos). No cuesta tanto y ayuda un montón.
  • Equipos de Protección Personal (EPP): Aquí entran los famosos tapones auditivos, orejeras. Son la última barrera, el complemento, NO la solución principal. Y deben ser los adecuados para el nivel de ruido, deben usarse correctamente y deben mantenerse en buen estado. ¿Cuántos veo con tapones sucios, deteriorados, o simplemente colgando del cuello? Uff.

La realidad es que muchas empresas se saltan los primeros pasos de la jerarquía y van directo al EPP, porque es "más barato" y "más rápido". Pero, ¿realmente es más barato a largo plazo cuando la salud de sus trabajadores se deteriora y las demandas por enfermedades laborales empiezan a llegar? La Ley 1562 de 2012 establece las consecuencias de no gestionar los riesgos laborales, y créanme, no son baratas.

Gestionar el ruido no es solo cumplir con una norma; es un tema de responsabilidad social, de productividad y, sí, de sostenibilidad del negocio. Un trabajador con hipoacusia no es tan eficiente, se distrae más, y a la larga, es un costo para la empresa y para el sistema de salud. ¿Dónde está el ahorro ahí?

Mi consejo es siempre el mismo: inviertan en una evaluación profesional y seria del ruido. No busquen la opción más barata, busquen la más competente. Implementen un plan de gestión del riesgo por ruido que vaya más allá de regalar tapones. Piensen en el impacto a largo plazo, en la salud de su gente.

La gestión del ruido ocupacional es un compromiso serio, una carrera de resistencia, no un sprint para salir del paso. Y si necesitan una mano experta, alguien que no les cuente cuentos y les diga la verdad sobre su situación, aquí estamos en SafeP.co para eso. La seguridad de sus trabajadores y la solidez de su empresa van de la mano. No lo olviden.