El Campo Olvidado: Más que Frutas y Verduras, una Mina de Riesgos

A ver, sentémonos un momento y hablemos claro del sector agropecuario en Colombia. La gente se come la fruta, la verdura, disfruta el café, pero ¿quién piensa en cómo llega eso a la mesa? Detrás de cada producto fresco hay un mundo de trabajo duro, sí, pero también un cúmulo de riesgos que, francamente, a muchos les importa un comino. Y no es por exagerar, es la realidad que veo cada vez que pongo un pie en una finca o un cultivo.

Este sector es un dolor de cabeza para cualquier profesional de SST que se respete. No es como una oficina con el riesgo de la silla ergonómica o una fábrica controlada. Aquí estamos hablando de factores que se mezclan de una forma tan compleja que parece que el mismo riesgo se burla de la normativa. Hoy quiero enfocarme en tres pilares que, para mí, son la base de los problemas en el campo: los plaguicidas, el esfuerzo físico desmedido y, por supuesto, esa plaga moderna que es la informalidad laboral.

El Veneno Silencioso: Plaguicidas y la Ignorancia Ciega

Empecemos por los plaguicidas. ¡Por Dios! Es que parece que la gente aún no entiende que no son agüita de panela. Son químicos, diseñados para matar. Y si matan una plaga, ¿qué creen que le hacen a un ser humano si no se manejan bien? Es de cajón.

Veo fincas donde el almacenamiento es un desastre: envases abiertos, mezclados con alimentos, ¡a plena exposición solar! Y el personal... ¿El personal? El "operario" que aplica el veneno, muchas veces sin el más mínimo equipo de protección personal. Sin guantes, sin mascarilla, con la ropa de diario empapada del producto. ¿Y después se preguntan por qué hay enfermedades respiratorias, irritaciones cutáneas, dolores de cabeza crónicos? Es una ruleta rusa cada vez que se hace una aplicación.

La normativa es clara al respecto, o debería serlo. No solo el Decreto 1072 de 2015, que exige la identificación de peligros y valoración de riesgos para todo, sino también resoluciones específicas sobre sustancias químicas peligrosas y elementos de protección. Pero, ¿de qué sirve una norma si se ignora sistemáticamente? Una vez, en una auditoría cerca de Girardot, vi a un trabajador mezclando un concentrado de herbicida con las manos desnudas, usando el mismo balde para beber agua. Cuando le pregunté, me respondió: "Ingeniero, aquí siempre lo hemos hecho así y nadie se ha muerto". ¿Nadie se ha muerto? Quizás no hoy, mi amigo, pero ese tipo de exposición acumulada es como construir un puente sin cimientos; el desastre es solo cuestión de tiempo.

La Carga Invisible: El Esfuerzo Físico que Destruye Cuerpos

Luego está el esfuerzo físico. El campo es duro, nadie lo niega. Levantar sacos de café, arrancar maleza, cargar canastos de frutas, sembrar, cosechar... Son tareas que requieren fuerza, pero también técnica y descanso. ¿Y qué pasa? Los trabajadores están doblando la espalda por horas y horas, con herramientas rudimentarias, en posturas forzadas que ni el mejor yogui aguantaría.

Las lesiones musculoesqueléticas son la norma, no la excepción. Dolores lumbares que incapacitan, problemas de rodilla, túnel carpiano por movimientos repetitivos. Y la respuesta típica es: "Eso es de viejo". ¡No, señores! Eso es de un sistema que no valora la ergonomía, que no invierte en herramientas adecuadas, en rotación de tareas o en pausas activas. ¿Acaso la GTC-45 no habla de identificar riesgos ergonómicos? ¿O es que en el campo la gravedad y la física funcionan diferente?

Es como si a un carro le exigiéramos andar 24/7 sin mantenimiento, esperando que nunca falle. El cuerpo humano no es una máquina, pero incluso si lo fuera, necesita cuidado. No me vengan con el cuento de que "no hay presupuesto" para una carretilla o para una jornada laboral decente. Se trata de entender que un trabajador sano y sin dolor es un trabajador más productivo y, sobre todo, un ser humano con dignidad.

Fantasmas en el Campo: La Plaga de los Trabajadores Informales

Y si los dos puntos anteriores ya son graves, imaginen esto: ¿quiénes son los que generalmente están expuestos a estos plaguicidas sin protección y haciendo el trabajo físico más extenuante? Correcto: los trabajadores informales. Es el gran elefante en la habitación, la plaga que realmente carcome el sistema de SST en el agro.

La informalidad es un cáncer. Gente sin contrato, sin afiliación a seguridad social, sin ARL. Vienen por días, por cosechas, por temporadas. ¿Cómo le pides a una empresa que implemente un SG-SST robusto (como lo exige el Decreto 1072 de 2015) si su fuerza laboral es invisible? ¿Cómo capacitas a alguien que hoy está y mañana no? ¿Cómo le das elementos de protección si ni siquiera sabes su nombre completo o tiene un contrato que lo vincule a tus responsabilidades, según la Ley 1562 de 2012?

Recuerdo una situación en una finca de flores. Un grupo de "cosechadores" de una vereda cercana, contratados verbalmente, sin ningún tipo de vinculación formal. Uno de ellos, un joven de unos 20 años, se cortó gravemente la mano con una herramienta. ¿La respuesta del dueño? "Llévenlo al puesto de salud más cercano y que se lo curen". Ni ARL, ni investigación de incidente, ni nada. Ese joven, con su mano herida, era solo un número, un problema que resolver de la forma más barata posible. Y eso no solo es ilegal, es inmoral. Es una falla sistémica que nos debería avergonzar como sociedad.

La informalidad no es solo un problema económico; es una bomba de tiempo para la SST y una vergüenza para la dignidad humana.

La Realidad Cruda del Día a Día

Estos tres problemas no operan en burbujas. Se retroalimentan. El trabajador informal, por su misma condición de vulnerabilidad, es el que más se expone a los plaguicidas sin protección, el que más carga peso sin descanso y el que menos se atreve a quejarse por miedo a perder el "trabajo" del día. Es un círculo vicioso que solo perpetúa la precariedad y el riesgo.

Para mí, es como intentar construir una casa de lujo sobre arenas movedizas. Puedes tener los mejores planos, los materiales más caros, pero si el cimiento no existe o es inestable, todo se va a pique. Y en el agro colombiano, ese cimiento muchas veces está podrido por la indiferencia y la falta de compromiso real con la vida de quienes nos alimentan.

¿Soluciones? Más que Papeles, Actitud.

No se trata de recitar el Decreto 1072 de 2015 de memoria. Se trata de entender que la vida de un trabajador vale más que cualquier ahorro a corto plazo. Las soluciones pasan por:

  • Formalización laboral: Es el primer paso. No hay excusas. Hay modelos de contratación flexibles que permiten la afiliación a la seguridad social, ARL, etc., incluso para labores por periodos. Las cooperativas de trabajo asociado con responsabilidades claras son una opción, siempre y cuando no se usen como fachada para la evasión.
  • Capacitación real y efectiva: No una charla de quince minutos que nadie entiende. Formación práctica sobre manejo seguro de plaguicidas, uso correcto de EPP, técnicas ergonómicas.
  • Inversión en ingeniería y controles: Herramientas adecuadas, equipos de protección de calidad, diseños de puestos de trabajo que minimicen el esfuerzo. Hay que dejar de ver la SST como un gasto y empezar a verla como una inversión.
  • Supervisión y compromiso genuino: Que el dueño de la finca, el administrador, el ingeniero agrónomo, quien sea, se ponga la camiseta de la SST y no se limite a llenar papeles para la auditoría.

Esto no es ciencia espacial, es sentido común y responsabilidad social. Es entender que no podemos seguir operando como si estuviéramos en el siglo pasado. El sector agropecuario tiene un potencial enorme, pero ese potencial se desaprovecha y se mancha cuando se construye sobre la espalda y la salud