Docentes agotados: SST y la deuda del sector educativo
El pupitre del olvido: la SST en el sector educativo
Hablemos claro, sin rodeos. Cuando uno menciona Seguridad y Salud en el Trabajo, la gente, por alguna razón, se imagina fábricas, andamios, maquinaria pesada. Cero humo. Pero ¿y el sector educativo? ¿Los colegios, las universidades, los jardines? ¿Acaso creen que los docentes viven en una burbuja de tiza y tablero donde no hay riesgos?
Es una de esas lagunas mentales que me sacan la piedra. Los que están al frente de la formación de nuestros hijos, los que aguantan a veces más de 30 estudiantes por aula, los que llegan a casa a calificar y preparar clases hasta la madrugada... ¿ellos no tienen riesgos? ¿O es que su salud mental y física es menos importante que la de un obrero en una construcción? A veces me pregunto si la gente piensa que el único peligro en un colegio es un resbalón en el pasillo mojado. Vaya ingenuidad. O pereza, que es lo más probable.
Colombia tiene una normativa clara, contundente, que no da espacio a interpretaciones. Y sí, aplica a todos. Repito: a todos. Desde la empresa de logística hasta el kínder de la esquina. Aquí no hay excepciones por "vocación".
El elefante en el aula: estrés laboral y carga mental
El riesgo psicosocial es el gran olvidado. Y en el sector educativo, no es un elefante, es una manada entera de elefantes corriendo por el pasillo. La carga de trabajo de un docente es brutal. No es solo dar una clase; es preparar, calificar, lidiar con padres sobreprotectores o ausentes, con estudiantes desinteresados o con problemas de disciplina. Es la presión por resultados académicos, la actualización constante de currículos, las reuniones interminables que se roban el poco tiempo libre.
Un docente está expuesto a un montón de factores que, combinados, son una bomba de tiempo para la salud mental. Imagínense el ruido constante, la necesidad de mantener la atención de un grupo heterogéneo, la empatía exigida, la sensación de no alcanzar a cubrirlo todo. Es como intentar llenar una piscina olímpica con un gotero, y que al mismo tiempo te estén pidiendo que nades más rápido. ¿Resultado? Estrés, agotamiento, burnout, ansiedad, depresión. ¿Cuántos han visto a un profesor que antes era chispeante y ahora anda con cara de funeral por el pasillo? ¿Cuántos se han "quemado" y terminan abandonando una de las profesiones más importantes que existen?
Recuerdo una auditoría en un colegio en el sur de Bogotá. Un colegio con buenas intenciones, instalaciones decentes, pero en la identificación de peligros (usando la GTC-45, como debe ser) solo habían puesto "riesgo locativo" y "riesgo biomecánico" por el mobiliario. Cuando pregunté por los riesgos psicosociales, la coordinadora de SST, que era la misma profesora de sociales, me miró como si le hablara en arameo. "Ah, ¿eso? Pues... el estrés normal del trabajo". ¡Normal! Como si el estrés fuera parte del salario emocional. Ese día, me tocó explicar, casi con plastilina, que no es "normal" si genera patologías, si afecta la productividad y, lo más grave, la calidad de vida de esos profesionales que están moldeando el futuro.
La ley no pide permiso: exige
Aquí no estamos hablando de recomendaciones o buenas prácticas. Esto es obligatorio en Colombia. El Decreto 1072 de 2015, que es el papá de todo el Sistema de Gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo (SG-SST), es clarísimo. Todas las organizaciones, incluyendo las educativas, deben identificar, evaluar, valorar y controlar los peligros y riesgos, y eso incluye, por supuesto, los psicosociales.
Y no solo eso. La Ley 1562 de 2012, que actualizó nuestro sistema de riesgos laborales, también hace énfasis en la prevención de enfermedades laborales. Y el estrés crónico, el síndrome de burnout, son enfermedades laborales reconocidas. ¿Qué significa esto? Que si un docente desarrolla una patología por su exposición a riesgos psicosociales en el trabajo, la institución es responsable.
¿Qué deben hacer las instituciones educativas? La lista es larga, pero no imposible. Va más allá de llenar formatos:
- Identificar los peligros: Esto es fundamental. Usar herramientas como la GTC-45 para no solo mirar lo físico, sino también las demandas del trabajo, el control sobre el trabajo, el apoyo social, las recompensas, la claridad del rol, la interfaz persona-tarea. No es un formulario de "cómo te sientes hoy", es una evaluación estructurada.
- Evaluar los riesgos psicosociales: Para esto, tenemos la Resolución 2646 de 2008 que establece los lineamientos. Hay que aplicar baterías de riesgo psicosocial cada cierto tiempo, interpretar los resultados con profesionales idóneos (psicólogos con licencia en SST, no el primo de la rectora).
- Implementar medidas de intervención: ¿De qué sirve evaluar si no se hace nada? Si los resultados muestran un riesgo alto, la institución debe intervenir. Esto puede ser ajustando cargas de trabajo, mejorando la comunicación, ofreciendo programas de bienestar, formación en manejo del estrés, o incluso revisando la cultura organizacional. Y no me vengan con el "día de la fruta" como medida de intervención para el estrés. Eso es una burla.
- Monitorear y mejorar: El SG-SST es un ciclo de mejora continua. No es un chulito que se pone una vez al año y ya. Hay que estar pendientes, ver si las intervenciones funcionan, y ajustarlas si no.
Es un deber, es una obligación legal, pero, más allá del papel, es una responsabilidad moral. ¿Cómo esperamos que un docente que está al borde del colapso emocional pueda educar con pasión y eficacia? Es ilógico. Es como pedirle a un jardinero que cuide un jardín hermoso con herramientas rotas y sin agua.
La verdad, a veces me da la sensación de que muchas instituciones ven la SST como un gasto, un requisito burocrático más, y no como una inversión en lo más valioso que tienen: su gente. Y en el sector educativo, su gente no solo es valiosa, es irremplazable en la construcción de una sociedad mejor.
Si usted está en el sector educativo, sea rector, coordinador o docente, y esto le suena a chino, o peor, le suena a "lo de siempre pero no se hace", es momento de parar y reflexionar. La SST no es negociable. Y la salud mental de los docentes, menos. Si necesitan ayuda para desenredar este tema, para ir más allá del papel y realmente proteger a quienes educan, en SafeP.co estamos listos. Mi compromiso es con la seguridad real, no con la que se ve bien en una auditoría.
Josué Bernal
Estudio sistemas complejos mediante ingeniería, analogías e inteligencia aplicada para identificar patrones, comprender riesgos y transformar información en decisiones. Porque detrás de procesos diferentes suele existir la misma estructura.
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