El Plasma de la Empresa
🏢 Más que una empresa...
En este experimento utilizaremos la empresa como un laboratorio para estudiar un fenómeno que rara vez aparece en los organigramas o en los manuales de procesos: la existencia de un groove organizacional, una propiedad emergente que determina cómo fluye la información, cómo colaboran las personas y cómo se comporta el sistema cuando enfrenta desafíos cotidianos.
Cuando el groove llega a la organización
Introducción
En el artículo anterior descubrimos que el groove no pertenece al bajo, ni a la batería, ni a ningún instrumento en particular. Es una propiedad que emerge cuando todos los elementos de una banda interactúan de forma armónica.
La pregunta quedó abierta.
¿Podría existir un fenómeno similar fuera de la música?
La respuesta aparece todos los días dentro de las organizaciones.
Hay empresas donde todo parece fluir con naturalidad. La comunicación es clara, los equipos colaboran y los problemas se resuelven antes de convertirse en crisis.
En otras ocurre exactamente lo contrario. Cada proceso genera fricción, las decisiones se retrasan y cualquier cambio parece una batalla.
La diferencia no siempre está en el organigrama, el presupuesto o la tecnología.
Muchas veces está en algo invisible.
Como ocurre con el groove.
Una empresa también tiene ritmo
Cuando una persona visita una empresa por primera vez suele observar elementos visibles:
Oficinas.
Máquinas.
Computadores.
Manuales.
Procedimientos.
Indicadores.
Todo eso existe.
Pero después de unos días comienza a percibir otra cosa.
Empieza a sentir cómo trabaja realmente la organización.
Algunas empresas transmiten orden.
Otras transmiten tensión.
Otras generan confianza.
Y otras parecen vivir en un estado permanente de improvisación.
Eso no aparece en ningún procedimiento.
Sin embargo, todos lo perciben.
El groove organizacional
Así como una banda desarrolla un groove, una empresa desarrolla una forma particular de funcionar.
No depende únicamente del gerente.
Ni únicamente de los trabajadores.
Ni del software.
Ni del manual de procesos.
Surge de la interacción entre todos ellos.
Cuando esa interacción funciona correctamente aparecen fenómenos muy difíciles de medir, pero fáciles de sentir:
La información circula.
Los problemas se detectan temprano.
Las personas colaboran espontáneamente.
Las reuniones producen decisiones.
Los errores se convierten en aprendizaje.
La organización comienza a tener ritmo.
El error de muchas empresas
Cuando aparece un problema, la reacción habitual consiste en modificar únicamente los elementos visibles.
Se crean nuevos formatos.
Se escriben más procedimientos.
Se agregan controles.
Se compran nuevas herramientas.
Todo eso puede ser útil.
Pero si las relaciones entre las personas continúan funcionando mal, el sistema conservará el mismo groove.
Cambiar los instrumentos no cambia necesariamente la música.
Aquí aparece nuevamente el plasma
En el artículo anterior utilizamos el plasma como una metáfora para describir las propiedades invisibles que emergen dentro de un sistema.
En las organizaciones ocurre exactamente lo mismo.
La cultura. La confianza. La comunicación. La coordinación. La capacidad de anticiparse a los problemas.
Nada de eso puede tocarse.
Pero todo ello modifica el comportamiento de la empresa.
Ese es el plasma organizacional.
El SG-SST visto desde otro lugar
Aquí aparece una consecuencia interesante.
Muchas organizaciones implementan un Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo pensando únicamente en documentos.
Sin embargo, los accidentes no ocurren porque falte un procedimiento.
Ocurren cuando el sistema desarrolla patrones inseguros.
Un trabajador deja de reportar.
Un supervisor deja de escuchar.
Las inspecciones se vuelven rutinarias.
Los hallazgos dejan de generar acciones.
El sistema comienza a perder ritmo.
El accidente visible aparece mucho después.
Cambiar el groove
Si una banda quiere mejorar su música no basta con cambiar el bajo.
Necesita mejorar la interacción entre todos sus integrantes.
Con las empresas ocurre exactamente igual.
El verdadero cambio no consiste únicamente en modificar procesos.
Consiste en transformar las relaciones que producen esos procesos.
Cuando cambia la interacción...
cambia el groove.
Y cuando cambia el groove...
el sistema completo comienza a comportarse de otra manera.
Conclusión
Las organizaciones no funcionan únicamente por sus estructuras visibles.
Funcionan por las relaciones invisibles que conectan a las personas, los procesos y las decisiones.
Quizá por eso dos empresas pueden tener el mismo software, los mismos procedimientos e incluso la misma certificación, pero obtener resultados completamente diferentes.
No porque tengan mejores instrumentos.
Sino porque desarrollaron un groove distinto.
Transferencia del Patrón
En la música descubrimos que el groove es una propiedad emergente.
En las empresas encontramos el mismo fenómeno bajo otro nombre: cultura organizacional.
En el siguiente experimento llevaremos esta idea a un nuevo escenario.
Analizaremos cómo los accidentes, lejos de ser eventos aislados, también pueden entenderse como la manifestación visible de patrones invisibles que llevaban tiempo formándose.
Josué Bernal
Estudio sistemas complejos mediante ingeniería, analogías e inteligencia aplicada para identificar patrones, comprender riesgos y transformar información en decisiones. Porque detrás de procesos diferentes suele existir la misma estructura.
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