Una lamentable tragedia sacudió el sector minero artesanal en la región de Arequipa, Perú, hace unos años, cuando el colapso de una galería en una mina informal cobró la vida de al menos doce trabajadores. Este doloroso suceso, que en su momento generó gran conmoción, reveló una serie de irregularidades que, lamentablemente, no son ajenas a contextos similares en nuestra región, incluyendo algunas zonas de Colombia.
La investigación posterior a este incidente catastrófico puso en evidencia una precaria situación laboral y de seguridad. Se constató que ninguno de los fallecidos contaba con afiliación al sistema de seguridad social, un derecho fundamental que garantiza protección en caso de accidentes o enfermedades laborales. Adicionalmente, la mina operaba sin un Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo (SG-SST) implementado, lo que significa que no existían protocolos claros de prevención de riesgos, identificación de peligros, capacitaciones ni evaluaciones constantes de las condiciones del lugar. Para agravar la situación, los turnos de trabajo superaban ampliamente lo humanamente aceptable, llegando hasta las 20 horas continuas, una práctica que incrementa exponencialmente la fatiga y, con ella, el riesgo de accidentes. Este escenario de informalidad extrema y desprotección es un llamado de atención urgente sobre los peligros que persisten cuando la rentabilidad se prioriza sobre la vida humana.
Aunque este caso ocurrió en Perú, sus ecos resuenan con fuerza en Colombia, especialmente en nuestro sector minero y en otras actividades de alto riesgo que aún luchan contra la informalidad. La ausencia de un SG-SST, la falta de afiliación a seguridad social y las jornadas laborales extenuantes son focos rojos que debemos identificar y erradicar. La ley colombiana, a través de normativas como la Ley 1562 de 2012 y el Decreto 1072 de 2015, es clara en exigir la implementación de medidas preventivas y la protección integral del trabajador. Este tipo de eventos nos recuerdan que la legislación no es un capricho, sino un escudo vital.
En Colombia, la prevención es nuestra mejor herramienta. No esperemos una tragedia para actuar; construyamos culturas de seguridad donde la vida del trabajador sea siempre la prioridad.