En un lamentable suceso ocurrido aproximadamente en 2021 en una planta textil ubicada en el Valle del Cauca, un técnico electricista perdió la vida tras recibir una descarga eléctrica. Según los reportes, el trabajador se encontraba realizando labores en instalaciones energizadas, y la investigación preliminar sugirió una grave falencia en los protocolos de seguridad: la ausencia de un procedimiento de bloqueo y etiquetado (LOTO) y la falta de permisos de trabajo para actividades de alto riesgo.
Este trágico incidente subraya una realidad recurrente en muchos entornos industriales, no solo en Colombia, sino a nivel global. Un caso similar, que sirve como precedente aleccionador, es el ocurrido en una empresa de manufactura en Estados Unidos a principios de la década de 2010. Allí, un operario sufrió un accidente fatal mientras realizaba mantenimiento en una máquina, precisamente por la no aplicación de LOTO. Aunque el contexto geográfico difiere, la causa raíz es idéntica: la energía peligrosa no controlada. En el caso del Valle del Cauca, la exposición directa a sistemas eléctricos energizados, sin la debida desenergización y verificación, fue el detonante de la fatalidad.
La normativa colombiana, a través de la Resolución 05018 de 2019, es explícita en la necesidad de implementar programas de seguridad para trabajos en alturas y trabajos con riesgo eléctrico, los cuales deben incluir, entre otros, procedimientos de bloqueo y etiquetado. Además, el Decreto 1072 de 2015 establece la obligatoriedad de los Sistemas de Gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo (SG-SST), donde la identificación de peligros, evaluación y valoración de riesgos, y el establecimiento de medidas de control, son pilares fundamentales. La ausencia de un permiso de trabajo para esta actividad de alto riesgo en la planta textil del Valle del Cauca, es una clara señal de que el SG-SST no estaba operando con la efectividad necesaria para proteger la vida de sus trabajadores.
En el sector industrial colombiano, no hay excusa para no proteger a nuestros electricistas. La vida es el activo más valioso.