Hace algunos años, en un proyecto de construcción en el estado de Texas, Estados Unidos, un trabajador con menos de tres meses en la empresa sufrió un grave accidente al manipular maquinaria pesada sin la debida capacitación. Este incidente, aunque ocurrió en suelo extranjero, resuena profundamente con la reciente revelación de la Universidad de Antioquia sobre los accidentes laborales en Colombia, donde el 65% de los siniestros ocurre en los primeros seis meses de empleo, y el 80% de estas víctimas carecía de inducción formal en SST.
En el caso texano, la investigación posterior de la OSHA (Occupational Safety and Health Administration) determinó que, si bien el trabajador tenía experiencia previa en el sector, no había recibido una inducción específica sobre los protocolos de seguridad de esa compañía ni un entrenamiento detallado sobre el equipo particular que operaba. La empresa había asumido que su experiencia pasada era suficiente, una omisión que resultó en lesiones incapacitantes para el operario y significativas sanciones económicas para la organización. Este patrón de "asumir el conocimiento" o subestimar la formación inicial es un eco preocupante de lo que, según el estudio antioqueño, sucede con frecuencia en nuestro contexto nacional.
El incidente no solo evidenció un fallo en el cumplimiento normativo —en Colombia, la Resolución 0312 de 2019 establece claramente la obligatoriedad de la capacitación en SST como parte del SG-SST— sino que también puso de manifiesto el costo humano y económico de tales descuidos. La falta de inducción no es un simple formalismo; es la primera línea de defensa para la vida del trabajador y la sostenibilidad de la empresa.
Para los empresarios y profesionales SST colombianos, la lección es clara: la inducción en SST no es un trámite, es un pilar fundamental para proteger vidas y la viabilidad de su negocio. Asegure que cada nuevo ingreso reciba la formación que merece.