En el corazón del Eje Cafetero, una reconocida empresa del sector avícola, cuya operación incluye procesos de crianza, beneficio y distribución, ha logrado un hito significativo en seguridad y salud en el trabajo. En un periodo de dos años, y tras la implementación rigurosa de un programa de Observaciones Preventivas de Comportamiento (BBS) con una fuerte participación activa de sus trabajadores como observadores pares, la compañía reportó una impresionante reducción del 80% en su tasa de accidentalidad. Este caso de éxito, desarrollado aproximadamente entre 2018 y 2020, demuestra el impacto tangible de estrategias preventivas centradas en el comportamiento humano dentro de entornos industriales complejos.
Tradicionalmente, el sector avícola enfrenta desafíos particulares en SST, derivados de tareas repetitivas, el manejo de equipos y maquinaria, riesgos biológicos y posturas forzadas. La empresa en cuestión, consciente de estas vulnerabilidades y buscando ir más allá de las medidas de control tradicionales, decidió adoptar un enfoque proactivo. El programa no se limitó a la mera identificación de actos inseguros; se centró en un diálogo constructivo entre pares, donde los observadores, capacitados para tal fin, identificaban comportamientos de riesgo y, de manera respetuosa y colaborativa, ofrecían retroalimentación inmediata y soluciones prácticas a sus compañeros. Esta metodología fomentó una cultura de responsabilidad compartida y empoderamiento, donde la seguridad dejó de ser una directriz impuesta para convertirse en un valor intrínseco de la operación diaria. La clave fue la transformación de los trabajadores en agentes activos de su propia seguridad y la de sus colegas, dejando atrás la idea de que la prevención es solo responsabilidad del equipo de SST.
Lo notable de este caso es cómo una empresa con operaciones intensivas, que involucran manipulación de aves, procesamiento y embalaje, logró integrar un sistema de observación conductual sin interrumpir sus procesos productivos. La capacitación fue fundamental, pero también lo fue la adaptabilidad del programa a la cultura y dinámicas propias de la empresa, evitando la percepción de ser una carga adicional. Este enfoque, que prioriza la observación y el diálogo entre los mismos operarios, permitió identificar patrones de riesgo que las inspecciones o auditorías tradicionales quizás no detectarían con la misma agilidad y precisión, demostrando que la mejor vigilancia a menudo proviene de quienes viven el día a día en el puesto de trabajo.
Para los empresarios y profesionales SST en Colombia, este caso real del Eje Cafetero es un claro ejemplo de que invertir en programas de seguridad basados en el comportamiento, y que empoderen a los trabajadores, rinde frutos tangibles en la reducción de accidentes y la mejora continua de la cultura de seguridad. Si quiere profundizar en cómo implementar estas estrategias, visite SafeP.co.