Recientemente, el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) lanzó una iniciativa crucial: la ampliación de su oferta de formación en Seguridad y Salud en el Trabajo (SST), específicamente cursos gratuitos y certificados de 40 horas para coordinadores de trabajo en alturas, disponibles en modalidad virtual. La respuesta del mercado laboral colombiano fue contundente: la demanda superó en un impresionante 300% la capacidad instalada inicialmente. Este hecho no solo resalta la necesidad imperante de capacitación en un área de alto riesgo, sino que también subraya el desafío que enfrentamos como país para garantizar la seguridad de trabajadores independientes y microempresarios.
Aunque el caso específico de la superación de la demanda por el SENA es un fenómeno reciente y local, la problemática de la formación y certificación en trabajos de alto riesgo no es exclusiva de Colombia. En países como México, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) ha enfrentado retos similares en la implementación de normativas y la provisión de capacitación para sectores con alta informalidad o pequeña escala empresarial. Por ejemplo, en el sector de la construcción en ciertas regiones mexicanas, se ha observado que microempresas y contratistas independientes, a menudo carecen de los recursos o el acceso adecuado a formaciones certificadas, resultando en un incremento de incidentes laborales por falta de conocimientos y prácticas seguras. La lección para Colombia es clara: la alta demanda del SENA no es un hecho aislado, sino un reflejo de una necesidad estructural que, si no se atiende eficazmente, puede traducirse en riesgos latentes para la fuerza laboral.
La situación en Colombia, con la Resolución 4272 de 2021 que establece los requisitos mínimos de seguridad para trabajos en alturas, hace que esta formación sea no solo deseable sino obligatoria para muchos. La sobrecarga en la oferta del SENA, aunque positiva en cuanto a la concienciación, plantea la urgencia de buscar soluciones complementarias y robustas para que ningún trabajador quede sin la capacitación necesaria, especialmente aquellos que operan en la informalidad o en estructuras empresariales pequeñas, donde la inversión en SST a menudo se ve como un lujo y no una necesidad prioritaria.
Este escenario nos obliga a reflexionar: ¿cómo podemos, como profesionales y empresarios SST, colaborar para que la formación en alto riesgo sea universalmente accesible y efectiva, sin dejar a nadie atrás? La seguridad de nuestros trabajadores es una inversión, no un gasto.